Mansión Díaz-Flores

The Díaz-Flores Mansion

En la década de 1850, construyó el empresario canario D. Antonio Díaz-Flores y Cartaya una espectacular mansión de grandes dimensiones que podríamos encuadrar estilísticamente en el clasicismo romántico. Este magnífico palacio, construido en la calle Colegio de la Orotava, epicentro de todas las grandes casonas de la aristocracia terrateniente del Valle de la Orotava, en el norte de la isla de Tenerife, vendría a constituir su residencia una vez que se casara, en Santa Cruz de Tenerife, con Doña Antonia Vera Espinosa, con quien tuvo tres hijos.

Don Antonio, natural de Fasnia, donde había nacido el 3 de Noviembre de 1809, hizo fortuna en Venezuela, donde se dedicó a diversas actividades empresariales y financieras. Cuenta la leyenda que llegado el momento decidió el regreso a su isla natal contratando un velero, probablemente en el puerto de la Guaira, que llenó de maderas nobles, caoba mayormente, y donde transportó sus monedas de oro previamente fundidas en forma de clavos para evitar sospechas y codicias.

La cuestión es que tan egregia mansión, una de las de mayores dimensiones de la Orotava con sus 1900 m2 distribuidos en tres plantas y su solemne patio central cerrado en galería sobre pilares de madera de tea y que fue construida donde otrora y desde principios del S. XVIII, entorno al ano 1709, se asentara el que fuera colegio jesuita de la Orotava “Luis de Gonzaga” y donde tras la desamortización de Mendizábal se asentara el mismísimo ayuntamiento de la villa hasta el pavoroso incendio que en 1841 asolara el solar; ha tenido mil y un funciones y usos.

Así, en su primera época como mansión familiar, se conocía a esta gran casa solariega de Tenerife como “La Magnolia”, pero a medida que fue pasando el tiempo la casa acabó siendo alquilada a partir de 1862 a D. José Govéa que la convirtió en algo parecido a un hotel que recibió a ilustres visitantes como al General Serrano que fuera presidente del gobierno español y, según las malas lenguas, amante de la reina Isabel II. También figura como ilustre huésped de esta casa la pintora naturalista británica, Marianne North, y el no menos insigne explorador Richard Burton, vinculado a la exploración del río Nilo en plena efervescencia de la expansión del Imperio Británico, allá por el año 1875.

Muchas son las historias que podrían contar los viejos muros de esta fascinante mansión de Tenerife, tan repleta de historia y de vivencias, pero yo me quedo con la belleza serena de su histórico jardín urbano, con su regio emplazamiento con vistas al bellísimo valle de la Orotava, con los motivos florales esculpidos en cantería en las jambas de la portada que flaquea el gran portón de madera que da acceso a esta histórica mansión de Tenerife, con sus salones de otra época, con la sobriedad extrema de su fachada con esquineras de basalto azul y sobre todo con el hecho de que actualmente sus propietarios desde principios del S. XX,  la familia Brier, tienen a la venta esta joya de la arquitectura canaria por el módico precio de 1.8 millones de euros.

Fuente de fotos: www.idealista.com