Bodega FincaVegas

Bodega FincaVegas

La aldea de las Vegas, en el municipio de Granadilla de Abona, en los altos de Chimiche, en el sur de la isla de Tenerife, es un paraje singular y sorprendente, pues después de dejar los secarrales de Chimiche a medida que la carretera asciende, el paisaje va reverdeciéndose por la confluencia de pinos canarios y la sensación de entrar en un microclima distinto, algo más húmedo aunque todavía seco; a lo que se une un constatable cambio en la morfología de los elementos geológicos, en la tierra y en las rocas, que presentan un tono más oscuro, como pasando de una zona desértica a una zona de montaña.

Además, la aldea presenta el gran atractivo de estar constituida casi enteramente por pequeñas casas canarias de estilo tradicional, con jardincillos, buganvillas, algunos árboles y cactus. Un lugar silencioso, apartado del bullicio, un pequeño Shangri-La donde siempre luce el sol.

En este rincón mágico de Tenerife se desarrolla uno de los proyectos vitivinícolas más atractivos de la isla, una finca y bodega bajo la Denominación de Origen ABONA y que comercializa sus exclusivos vinos bajo la marca FINCAVEGAS.

Se trata de un proyecto familiar, movido por la más absoluta pasión por el mundo del vino. Se trata de una bodega-laboratorio de pequeña dimensión, una “bodega boutique”, un capricho con un solo propósito: disfrutar elaborando vinos, experimentar nuevas técnicas, obtener un vino de calidad y prestigio internacional.

La familia propietaria, la familia Weytjens de origen belga, establecidos en la isla de Tenerife desde hace varias décadas, dispone de una finca de en torno a 7 hectáreas de las que  25,000m2 están plantadas de vides en una pequeña hoya natural, rodeada de paredes de piedra amarilla, donde se cultivan las variedades de uva tinta: Castellana, Baboso negro y Syrah, así como, la variedad blanca: Baboso blanco, la más distintiva y especial de las variedades que cultivan y de las que se sienten particularmente orgullosos por haberla sacado del ostracismo.

Tras varios años de formación como enólogo, primero en Burdeos y distintos lugares de Francia y posteriormente en el Valle del Napa en California, Anthony Weytjens es, actualmente, el director técnico  de la bodega y de la finca y como todos los miembros de su familia un apasionado defensor del vino y del potencial enológico de Canarias, por sus variedades pre-filoxéricas, la calidad y variedad de sus suelos volcánicos, la distintiva mineralidad de sus caldos, los contrastes de altura fruto de la verticalidad del territorio, el benéfico efecto de los vientos Alíseos y múltiples otras razones que le llevan a defender incluso el recorrido y potencial de variedades en principio denostadas por muchos como el omnipresente “Listán negro”, del que parece afirmar que simplemente es necesario dar con la técnica de elaboración adecuada para descubrirla como una gran uva.

La visita a la bodega, que tiene interesantes planes de ampliación y mejora en el futuro inmediato, fue una gran experiencia. Se trasluce vivamente el deseo de producir vinos de alta gama, no solo por la cuidadísima presentación de botellas lacradas con etiquetado de precioso diseño, sino también por la calidad y exclusividad de los vinos que en ella se elaboran siguiendo distintas técnicas de vinificación según la personalidad de cada varietal.

Tras la degustación de todos los vinos que la misma produce, el vino tinto monovarietal de uva Castellana cosecha de 2018 y el vino blanco de uva baboso blanco, fueron sin dudas las estrellas de la jornada.

Con todo, aún recuerdo vivamente las hileras de viñas en espaldera magníficamente cuidadas, el color rojizo que presentaban las hojas de la variedad Syrah a mediados de octubre, los cipreses, el camino de entrada flanqueado por naranjos, las chumberas con los higo picos maduros, la proximidad de los pinos y de las altas cumbres de la cordillera dorsal en su vertiente sur y esa indescriptible sensación de paz, de belleza y de armonía que respira este mágico lugar del sur de Tenerife.