Teide

Teide

El símbolo por antonomasia de la isla de Tenerife y de todas las Islas Canarias es el todo poderoso, mayestático y espléndido “Padre Teide”. Patrimonio de la Humanidad, orgullo de Europa, y sin duda uno de los volcanes más extraordinarios del planeta, nuestro Teide es visible desde casi cualquier rincón de la isla.

No hay palabras para describir su inmensa belleza, su altivez, sus vertiginosos desniveles, su colosal irrupción desde el mar, sus polifacéticas caras, sus acusados contrastes de color, sus blancos invernales, sus pardos estíos, sus mostazas, sus tonos de beige, sus rojos férricos, sus azules sulfurosos, sus coladas negras repletas de obsidiana, sus lavas mansas y cordadas, o sus más frecuentes pétreas lavas salvajes…Todo el Teide respira a paisaje de otro mundo, paisaje de ciencia ficción, a la vez apacible y tormentoso.

El Teide es más que un rincón mágico de Tenerife. El Teide es pura magia. Mágicas facultades le atribuían los aborígenes de la isla a Echeyde, nombre con el que designaban al volcán, y que siempre consideraron morada del muy maligno dios Guayota. Mágica era la profesión de los comerciantes de hielo que subían con sus burros a recoger el preciado material a la mítica Cueva del Hielo, antes de que llegaran a la isla las primeras neveras. Mágicos son los amaneceres y los ocasos desde su cumbre, desde la que se puede apreciar con facilidad cinco de las Islas Canarias, y hay quien dice que todas ellas, si el tiempo es propicio. Mágico es saber que con sus 3.718 metros de altura es la cumbre más alta de España.

Aún más mágico es saber que lo que vemos sobre la superficie es sólo la punta del iceberg, y que bajo el mar, el Teide se eleva más de 7500 metros sobre el fondo oceánico, lo que lo convierte en el tercer edificio volcánico más grande del mundo.

Tanta magia no podía más que atraer a millones de visitantes de todos los rincones de la humanidad, que lo exploran a pie, en teleférico o simplemente desde alguna atalaya privilegiada del Parque Nacional de las Cañadas del Teide.

Sea por la razón que sea, por su colosal tamaño, por su magnificencia geológica, por su riqueza botánica, repleta de endemismos, plantas que sólo crecen en el Teide, como su famosa Violeta o sus espléndidos Tajinastes Rojos; sea por su belleza sin parangón, por la sensación especialísima y única de hacerte sentir en la cumbre del mundo, o simplemente por la calidad de su silencio y de sus noches estrelladas, el Teide siempre ocupará un puesto estelar en los recuerdos de quienes tienen la fortuna de disfrutarlo.

Nuestro agradecimiento a Rebeca Heredero autora de las fotografías.