Roque Bermejo

Roque Bermejo

Roque Bermejo, en el extremo más oriental de la isla, en el punto más próximo al continente  europeo, a los pies del faro de la Punta de Anaga, constituye el ejemplo perfecto de lo que fueron las explotaciones agrícolas costeras de la Península de Anaga. Puntos remotos comunicados con el resto de la isla por mar, pues la travesía por los abruptos y forestados montes de Anaga resultaba mucho más cansina y larga que la alternativa marítima.

En nuestro caso, accedimos a este remoto lugar, tras recorrer los 4 km que separan barranco abajo, la localidad de Chamorga, en el macizo de Anaga, de las costas de Roque Bermejo. Estos 4 km de descenso y después de subida, 8 km en total,  por el virginal y aún portador de agua, barranco de Chamorga, son una de esas excursiones que entusiasman a cualquier amante del senderismo, por la diversidad geológica y botánica que uno se encuentra desde la arbolada cumbre hasta la arena de la playa.

Llegados a Roque Bermejo, nos encontramos con los bancales o canteros de la Vieja finca que perteneció a la Familia Osuna de La Laguna y que devino en terreno del Obispado Nivariense.

La finca fue abandonada a mediados del siglo pasado y de ella apenas quedan algunos testigos mudos de su viejo esplendor, como la ermita de Candelaria, construida en los años 30 del siglo pasado y que hoy en día luce azulejo de la virgen de Fátima, o la vieja casona, en otro tiempo en ruinas y hoy habitada de forma precaria.

Debe Roque Bermejo su nombre a un gran roquedo de color rojizo y de magnífica estampa, situado en la costa, sobre el mar, denominado por algunos Corcovado que se posa sobre el océano cual embarcación pétrea a toda vela.

Junto al roque una pequeña playa, caleta más bien, de arena negra y un mini puertito con su pequeño almacén, refugio temporal de muy pocas embarcaciones. En nuestra visita, sólo una, con el evocador nombre de Canarias. A continuación, tras traspasar un roque separador, se abre otra playa que da refugio al pequeño poblado de casas de segunda residencia que constituye el pueblo costero de Roque Bermejo.

Como todos estos confines de la isla, en este, también parece que se ha detenido el tiempo. Se ha detenido por ese efecto conjunto que generan las zonas de muy baja densidad de población, muy expuestas al mar y al viento, donde el mobiliario urbano brilla por su ausencia y donde hasta el noray del puerto muestra el desgaste de decenios de abandono, de profunda herrumbre. Se trata de sitios que evocan otra época, como los tripulantes del barco, una pareja de canarios de regia estampa, ella con su gorrito de paja y el con su pantalón de tergal gris claro y su abundante pelo cano, como sacados de una vieja foto de los años 50. Imperecederos. Magníficos.