Chinyero: Las Fauces del dragón

Chinyero

Con 1561 m de altitud, el Chinyero se yergue pavorosamente negro a los pies de la vertiente noroccidental del majestuoso Teide en la isla de Tenerife.

Fue el Chinyero la última erupción volcánica de la isla, acaecida entre el 18 y el 27 de  Noviembre de 1909 y conservan por tanto sus alrededores, declarados parque natural desde 1994, algunos de los paisajes volcánicos más vírgenes, menos colonizados por líquenes y otras especies de flora y fauna.

Pasear entorno al Chinyero es un auténtico placer para los sentidos que a paso lento se recorre en algo más de dos horas. El punto de partida ideal para acometer esta ruta se encuentra en el km 15 de la carretera que une Boca de Tauce, en pleno Parque Nacional del Teide, con la localidad de Chío. Dejando nuestro vehículo estacionado en la carretera, nos adentramos en el parque natural por una pista forestal vedada a los automovilistas por una cancela protectora.

Traspasada la cancela y tras recorrer menos de un km, nos encontramos con un sendero delimitado a ambos lados por piedras a lo largo de todo su recorrido. Se trata del sendero denominado PR TF 43 “Circular Chinyero”  como más adelante descubriremos, pues el acceso al mismo desde esta entrada se realiza más por intuición que porque exista una correcta señalización.

Tomando el sendero a mano derecha, abandonando la pista forestal, comenzaremos a recorrerlo al abrigo de algunos preciosos pinos canarios centenarios. Con el tiempo nos apercibiremos de estar en el camino correcto, pues empiezan, en algunas bifurcaciones a identificarlo indicándonos que este sendero circular tiene una longitud total de 5.7 km que ya adelanto son maravillosos, por su pureza, su diversidad de espacios y su belleza paisajística.

Así, entre los pinos, va apareciendo la negra estampa del mítico Chinyero, a la par que extraordinarios ángulos del Teide y del Pico Viejo, del océano Atlántico, de la Isla de La Palma, de campos de lava negra y al final cuando empezamos a cerrar el círculo, otra vez el Océano y esta vez la isla de la Gomera.

Hay que estar atentos a la hora de volver al coche, para evitar pasar la zona de la pista forestal que nos trajo al sendero, pues de lo contrario la pasaremos de largo. El majestuoso pino canario de rama lateral puede ser un hito fácil de recordar, pues esta zona de retorno debiera estar mejor señalizada.

Como todas estas zonas de la maravillosa geografía insular, el momento ideal de visitarlas es tras las lluvias, una vez que el terreno vuelva a estar transitable, pues con el terreno aún húmedo, resaltan al máximo los colores naturales de la tierra en lo que constituye una espléndida paleta de negros, grises, ocres, pardos, cremas…que funden con el intenso azul del mar y del cielo de esta isla mágica que es Tenerife.